¿Te suena alguna de las siguientes frases? En seis meses los programadores no serán necesarios. El código ha muerto. Programar ya no es lo importante. El código ya no aporta valor. Son el mantra repetido una y mil veces en los últimos dos años y ya sabemos que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.
La IA no es diferente a cualquier otra revolución que hemos vivido pero sí tiene implicaciones que todavía no conocemos.
Tenemos una miríada de IA bros predicando el fin de la programación ante un séquito formado por acólitos, temerosos de la programación y simples curiosos esperando a ver si la profecía se cumple. A ellos se le suman una miríada mayor aún de estafadores, embusteros, ladrones y embaucadores sin escrúpulos, dispuestos a ganar dinero vendiendo sus supuestos conocimientos, cursos, charlas, formación, etc.
La IA ha llegado para quedarse
Antes de continuar y parecer el abuelo gruñón que se queja de los avances y el progreso quisiera dejar algo claro: la IA ha venido para quedarse y puede ser una herramienta potentísima pero también es un arma de doble filo con implicaciones que todavía no tenemos claras.
La IA no es diferente a cualquier otra revolución que hemos vivido, desde la máquina de vapor a internet, y como tal está sujeta a los mismo problemas de las anteriores, y no porque no podamos evitarlo, si no porque al ser humano le gusta darse siempre con las mismas piedras.
La IA, el sector tecnológico y las mentiras de los grandes players
Los LLMs son increíblemente buenos generando texto, prediciendo qué letra o palabra es la adecuada una tras otra. Entonces ¿no te has preguntado por qué no escuchas el mismo ruido mediático acerca de cómo los IA va a sustituir y dejar sin trabajo a los escritores? La respuesta es muy simple, en el sector literario se mueve una ínfima parte del dinero que se mueve en la tecnología.
El bug que han sido incapaces de resolver en sus herramientas durante más de un año.
Resulta indignante recordar como los principales mandatarios de OpenAI y Anthropic han estado repitiendo durante los últimos años el mantra de que a los programadores les quedan 6 meses para ahora tenerlos que escuchar decir nos alegra ver que nos equivocamos en nuestras predicciones.
Perdona, no os habéis equivocado, habéis estado mintiendo descaradamente, sabiendo que vuestras palabras perjudicaban brutalmente a un sector entero. Y no, no me refiero solamente a ingenieros y programadores, me refiero a toda la industria de la tecnología que ha sufrido una brutal sacudida en bolsa, derivado de la incertidumbre que han sembrado las declaraciones de los illuminati en los inversores.
La excusa de la IA para regularizar plantilla y de paso dar la sensación de ser hiper-modernos e ir un paso por delante.
A esto hay que sumar que muchas empresas de la industria tech han puesto a la IA como excusa para despedir y regular sus plantillas sobredimensionadas. Lo cual ha provocado que otra gran parte de la industria congele contrataciones por miedo.
Pero volvamos a OpenAI y Anthropic. Tenían tan claro que la programación iba a ser algo del pasado que han montado sus respectivas consultoras tecnológicas (tono sarcástico). Y en el caso de Anthropic podemos incluso hacer un chiste sobre el bug que han sido incapaces de resolver en su herramienta claude-code por más de un año. De verdad? Tu IA lo hace todo solo y no resuelve un bug por más de un año?
La IA y el chiste de su hype
Cuando miramos atrás tenemos más perspectiva de los sucesos y en ocasiones somos privilegiados y podemos decir: Yo vi cómo surgió la electrónica de consumo y en 5 años pasabas de tener un equipo Hi-Fi que valía varias mensualidades y que ponías en el comedor de tu casa como el que pone un altar para adorar a su dios preferido para que cuando llegasen invitados vieran que tenias una torre con tocadiscos, dos platinas de cassette con el que hacer copias y una etapa de potencia de válvulas. O, yo viví el nacimiento de internet y pasé de una terminal de fósforo verde conectada a mainframe en la universidad a poder navegar con mi ordenador de casa para conectarme a cualquier lugar del mundo y ver nacer a Linux, Google, Twitter y otros tantos.
Tanto hype y buzzwords hacen que todo apeste.
De forma similar ahora podríamos decir, yo viví el nacimiento de la IA. El problema es que la recordaremos como un puto chiste y diremos, yo vi nacer la IA y vi como en un solo año pasaron de venderme la moto a golpe de marketing con el vibe coding, luego el prompt engineering, luego el context engineering, luego el harness engineerong y ahora el loop engineering. Lo peor es que toda esta mierda no te la vende un señor de traje con un maletín que venden enciclopedias, te la venden “supuestamente” expertos en tu campo.
La IA y la contradicción de su ayuda
Todavía hay pocos estudios que analizan cómo la IA impacta en nuestro día a día como programadores o ingenieros, pero el estudio independiente METR (Model Evaluation and Transparency Research) demostró que el uso de IA generativa en desarrollo de software puede hacer a los programadores un 19% más lentos. Lo más gracioso es que al terminar las pruebas un 20% de los mismos tenía la percepción de haber ido más rápido con la IA.
Nos hace más lentos pero nuestra percepción es que somos más rápidos.
Los principales aspectos que ralentizan a los participantes fueron: creación de los prompts adecuados, revisión y corrección del código y sobre todo la falta de contexto que hacía que la solución de la IA no se adapta correctamente. ¡Cuidado! Ahora llega algún IA-Bro a decirnos que eso paso porque no se habían montado un harness correcto y bla, bla, bla.
Por otro lado la empresa CodeRabbit, dedicada a la revisión de código basado en IA, analizó 470 pull requests (PR) de proyectos reales y detecto que las PR realizadas con IA tenian una media de 10.83 problemas frente a los 6.45 de las PR realizadas puramente por humanos, es decir, introducían más errores en el código. Los principales errores: un 75% más de errores de lógica que los humanos, hasta 2.7 veces más vulnerabilidades de seguridad y 3 veces código más complejo de leer para un humano.
Nadie se fía del código generado pero pocos lo revisan.
Finalmente un estudio de opinión y comportamiento realizado por SonarQube a más de 1,100 programadores profesionales sobre la confianza en estas tecnologías. El 96% de los programadores admitió que no se fía del todo del código que genera la IA pero, sin embargo, solo el 48% afirma comprobar siempre el código antes de subirlo a producción. El resto lo sube sin revisar a fondo para no romper su sensación de ir rápido.
Personalmente este último punto me parece el más común y peligroso de todos. La percepción que tengo cuando veo gente trabajar con IA y les ayuda a generar código relativamente grande, con muchos cambios, generar consultas SQL complejas, etc es que no lo revisan a fondo hasta entender 100% cómo funciona, básicamente se quieren creer la respuesta de la IA y patada para adelante.
Aquí radica la diferencia entre el vago y el trabajador, el que ve la IA como una forma de escaquearse y el que la utiliza para aprender y mejorar.
Y si, no soy el único que lo piensa. El señor James Shore, autor de The Art of agile, comenta que a partir de los dos años y medio un proyecto dedica la mitad de su tiempo a tareas de mantenimiento. Puedo dar fe de que es bastante cierto y si alguna vez has trabajado en una base de código legacy tamaño gigante la cantidad de esfuerzo y complejidad que se necesita para mantenerlo, corregirlo y mejorarlo es descomunal. Ahora imagínate que ese código se mantiene con un aluvión de PRs realizadas con IA, sin estar bien revisadas y comprobadas.
Por este mismo motivo muchos proyectos open source están negando la aceptación de PRs realizadas con IA. Es muy fácil poner tu IA a trabajar, gastar unos pocos de miles de tokens y generar un PR que ni tú mismo entiendes, pero que tu ego te impulsa a subirla al repositorio de turno. Si ese repositorio está gestionado como debe ser y hay alguien detrás revisando concienzudamente las PRs que llegan es simplemente imposible absorber la carga de trabajo que te llega.
La IA es una revolución y una burbuja
Que algo sea una revolución no implica que no sea una burbuja. Como ejemplo tenemos lo que pasó hace dos décadas: “las punto com”. Internet llegó y comenzó a consolidarse, fue una revolución que se impuso en nuestro día a día, en las empresas y en los hogares. Por el camino muchas empresas crecieron y crecieron mucho (y también en bolsa) y por el camino surgieron muchas empresas que hacían “cosas en internet” y surgieron muchas y la euforia y el miedo a “quedarse fuera” hizo que cada vez la burbuja creciese y creciese más. Y al final pasó lo que tenía que pasar, alguien levantó la tapa de la caja, vio que aquello no valía lo que decían y la burbuja estalló.
La burbuja estalló pero eso no significa que internet fuese un invento inutil, al contrario fue una revolución que cambió la vida de todos. Pues bien, algo similar está pasando con la IA.
Hay que diferenciar el tipo de IA del que hablamos: tenemos la IA como herramienta y que aporta valor y tenemos la IA “especulativa”, la de la bolsa, las inversiones, la de las promesas y los sueños. Sobre la segunda (mi opinión) es que estamos ante una nueva burbuja.
Por un lado, en la bolsa los grandes players están jugando con unas expectativas estratosféricas. Las expectativas no son el problema, el problema es darte cuenta que no son realistas. Mi opinión es que se están pasando de frenada. Las IAs actuales están basadas en modelos LLMs y como toda tecnología tiene sus limitaciones que en este caso pasan por recortar en mucho las expectativas que los grandes players están sembrando. Al igual que SpaceX, su inminente salida a bolsa me huele a pufo: yo voy a hinchar el globo todo lo que pueda que necesito dinero, lo consigo en y luego la fiesta que la paguen otros.
Por otro lado tenemos a los cientos de empresas que “hacen algo con IA” recibiendo millones de inversión como el que tira pipas a las palomas. Ya os digo que el 90% de esas inversiones no se realizan después de un gran análisis o de aplicar sentido común.
Así que aquí estamos de nuevo. Esperando que salte una chispa que haga arder el nuevo Hinderburg.